Comentario diario

Firmes en la esperanza

?Quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre?. Cristo no nos promete que no vayamos a pasar por el trance de la muerte. Él mismo ha de pasar por ella para asumir todo lo humano, también nuestra mayor fragilidad. Lo que sí nos promete es que no moriremos para siempre. Nos promete vida eterna. Hemos de recordar esta promesa del Señor, como tantas otras que nos hecho de no dejarnos solos, de acompañarnos todos los días hasta el fin de los tiempos. Recemos con el Salmo de la Misa de hoy: ?Recordad las maravillas que hizo, sus prodigios (?) Recurrid al Señor y a su poder (?) Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra dada, por mil generaciones?.

?Moisés dijo al pueblo: «Recuerda este día en que salisteis de Egipto, de la casa de esclavitud, pues con mano fuerte os sacó el Señor de aquí? (Ex 13, 3). Estas palabras han sido fuente de esperanza muchas veces para el pueblo elegido, particularmente en los momentos de dificultad. Como tantas veces ha hecho el pueblo elegido debemos recordar las promesas de Dios, la manifestación de su elección sobre nosotros y su acción salvadora. ?Recuerda? la promesa de Cristo: ?no veréis la muerte para siempre?. Es una esperanza para vivir el presente. ?Se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente: el presente, aunque sea un presente fatigoso, se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino? (Benedicto XVI, Encíclica Spes salvi, 1).

La esperanza, la certeza, en las promesas de Dios en Jesucristo nos ayudarán a disipar los temores que en este momento nos atenazan, el pesimismo y el desánimo que nos puede ganar. En una homilía que no llegó a pronunciar Benedicto XVI en la Vigilia de Cuatro Vientos por la tormenta que se desató, nos decía: ?No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su nombre en toda la tierra? (Benedicto XVI, Vigila Cuatro Vientos, JMJ Madrid 2011). La razón por la que algunos hombres no alcanzan la paz es porque se dejan llevar por temores humanos y posponen las promesas futuras a los gozos presentes. En un momento como este, con la pandemia del coronavirus podemos vivir, ?alegres en la esperanza, firmes en la tribulación, siendo asiduos en la oración? (Rm 12, 12).

Pidamos a María, Esperanza nuestra, que nos mantenga firmes en la esperanza que ?no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado? (Rm 5,5).

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